De casta le vino al galgo. Hijo de Antonio Maura, cinco veces presidente del Consejo de Ministros durante el reinado de Alfonso XIII, Miguel vino al mundo en la capital de España en diciembre de 1887. Siempre quiso seguir los pasos de su ilustre progenitor e inició su andadura política en 1913, plenamente fiel a los ideales y principios del maurismo. En 1916 fue elegido diputado por primera vez y, paralelamente, ejerció como concejal del Ayuntamiento de Madrid. Con el paso de los años, fue moderando su conservadurismo monárquico hacia posiciones republicanas moderadas, muy especialmente a partir de la dictadura de Primo de Rivera, que primero apoyó pero a la que acabó haciendo firme oposición.

Esa evolución ideológica le llevó a estampar su firma en el Pacto de San Sebastián, lanzadera de lo que habría de ser la II República, como militante de la Derecha Liberal Republicana de Alcalá-Zamora. Pero pronto comenzaron los roces con el futuro presidente de la República y optó por fundar su propia formación política, el Partido Republicano Conservador.
Durante la II República se convirtió en uno de los grandes pilares de la derecha moderada, desempeñando el cargo de ministro de la Gobernación en el Gobierno Provisional hasta octubre de 1931. Maura era, con todo, un católico convencido, y sintió especial indignación ante la pasividad de Azaña durante la quema de conventos de mayo del 31.

Por otro lado, la negativa a incluir en la Constitución de ese mismo año un artículo en el que se garantizara la protección de los católicos le llevó a tomar la determinación de dimitir de su cargo y salir del Gobierno. En los años siguientes mantuvo un perfil político más bajo, hasta la victoria en las elecciones de 1936 del Frente Popular, tras la cual dio un paso adelante a través de una serie de artículos publicados en el diario El Sol en los que abogaba por la instauración de una Dictadura Nacional Republicana como respuesta a la radicalización izquierdista imperante.
Perseguido por los anarquistas
Apostaba por la constitución de un nuevo gobierno provisional que se alejara de los extremismos a ambos lados del arco ideológico, formado por representantes de todos los partidos moderados, desde los socialistas hasta la derecha más moderada.
Su propuesta cayó en saco roto y, tras el estallido de la Guerra Civil, Azaña le ofreció la presidencia de una suerte de gobierno de unidad nacional. Ya era tarde, y Maura rechazó la propuesta. Hubo de ponerse entonces a salvo de la persecución de que fue objeto por parte de los anarquistas, que lo buscaban para ejecutarlo, igual que hicieron con su hermano Honorio en septiembre de 1936. Miguel pudo escapar poniendo rumbo a Francia, donde permanecería exiliado hasta 1953, año en que finalmente regresó a España.
Desde el exilio peleó por la restauración de la democracia, apoyando los 13 puntos de Juan Negrín, que formulara el presidente de la República para poner fin al derramamiento de sangre. A su regreso se instaló en Barcelona y se dedicó durante años a la redacción de su obra cumbre, Así cayó Alfonso XIII. Falleció en Zaragoza el 3 de junio de 1971.
Dinastía de políticos
El legado de Antonio Maura permaneció muy vivo entre sus vástagos a su muerte. Miguel no fue el único, aunque sí el más ilustre, dedicado a la política. Su hermano Honorio, asesinado en 1936, fue dramaturgo y político, llegando a ser diputado en las Cortes entre 1933 y 1936, y era amigo íntimo de Alfonso XIII –monárquico, pues, a ultranza– y representante de la derecha más conservadora. También Gabriel, historiador, siguió los pasos de su padre, llegando a ocupar la cartera de ministro de Trabajo y Previsión durante sólo un par de meses en el año 1931.

Pero el gen político ha seguido vivo en el clan hasta el día de hoy. Tanto es así que en la actualidad Eduardo Maura ocupa un escaño en el Congreso en las filas de Unidas Podemos, alejándose así radicalmente de las ideas políticas defendidas por sus ilustres antepasados. Recientemente, de hecho, tuvo lugar una agria polémica cuando los descendientes directos de los Maura salieron a la palestra a través de la red social Twitter para expresar su indignación y el uso “bastardo” del apellido que, en su opinión, hacía Eduardo, colateralmente emparentado con los Maura.